viernes, 12 de junio de 2020

EL FRUTO DEL ESPÍRITU: DOMINIO PROPIO



¿Por qué el último fruto de Espíritu es tan importante para tomar buenas decisiones especialmente en relación con la demostración de las otras características del fruto?
Imagine a una niña haciendo berrinche y lanzando sus juguetes por todos lados sólo porque no obtuvo lo que quería.
Ahora avancemos 20 años e imaginemos a la misma niña gritándole a su jefe (pronto exjefe) por hacerla reescribir un informe. Ésa sería la versión de la niña sin dominio propio. Una versión diferente, con domino propio, sería la que acepta las críticas y obedece sin quejarse.
Ejemplos cotidianos como éste demuestran aun desde el punto de vista secular cuán necesario es el domino propio (control sobre nosotros mismos) en nuestra vida diaria.
Pero para un cristiano, esta cualidad va mucho más allá de controlar nuestro temperamento. Para un cristiano, el dominio propio se trata de resistir la tentación de quebrantar la ley de Dios (incluyendo perder los estribos) y reaccionar ante otros sin demostrar el fruto del Espiritu Santo en nuestros pensamientos y acciones. Toda acción comienza en la mente y, por lo tanto, tener dominio propio implica tener control absoluto de nosotros mismos, “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5).
Nuestra naturaleza humana siempre nos dirá que el pecado es “natural”. En Romanos 7:23, Pablo describe esta tendencia como “otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”.
 Debemos recordar que lo “natural ” es parte de este mundo que está temporalmente gobernado por Satanás el diablo (2 Corintios 4:3-4) y, como cristianos, reconocemos que el dominio propio incluye abstenernos del mal de este mundo.
La instrucción de Dios es clara: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).
¿Qué es el domino propio entonces? Es el esfuerzo continuo de resistir la tentación de volver a lo que el mundo ofrece cuando Dios ya nos ha mostrado su camino espiritual. Es demostrar el fruto del Espíritu en lugar de cometer las obras de la carne (Gálatas 5:19-23).
¿Por qué quiere Dios que tengamos dominio propio?
La razón por la cual Dios quiere que crezcamos en dominio propio tiene que ver con el resto del fruto del Espíritu descrito en Gálatas 5:22-23.
Estamos en una batalla. Como leemos en 1 Juan 2:16: “todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida”. Ésta es la idea que Satanás tiene del mundo, como vemos en Juan 8:44: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (1 Juan 2:16; Juan 8:44).
Por otro lado, la idea que Dios tiene del mundo, incluye que todos demuestren el fruto del Espíritu Santo.
¿Cómo encaja el dominio propio? En todos los aspectos del fruto:
Necesitamos dominio propio para demostrar amor verdadero en vez de deseo o infatuación, para amar a los demás no como el mundo ama, sino como Cristo amó: “Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2, énfasis añadido).
Necesitamos dominio propio para tener gozo en medio de las dificultades de la vida. “[Jesucristo] a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8).
Necesitamos dominio propio para llevarnos bien con los demás y buscar la paz en lugar de ser conflictivos. “Bienaventurados los pacificadores” (Mateo 5:9).
Necesitamos dominio propio para soportar a los demás con paciencia en lugar de criticarlos ―no es fácil ser “pacientes para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14).
Necesitamos dominio propio para no sólo buscar automáticamente nuestro bienestar, sino ser benignos y también buscar el bienestar de los demás (Filipenses 2:4).
Necesitamos dominio propio para hacer lo bueno y escoger entrar por la puerta angosta que lleva a la vida en lugar de la puerta ancha que lleva a la destrucción (Mateo 7:13-14).
Necesitamos dominio propio para permanecer fieles y no dejar que los burladores debiliten nuestra fe con sus mofas (2 Pedro 3:3-4).
Necesitamos dominio propio para ser siervos mansos del Señor y mostrar compasión y misericordia con amor verdadero como Dios lo hace con nosotros (2 Timoteo 2:24).
Un ejemplo a seguir
En los artículos anteriores de esta serie hemos destacado a varios personajes bíblicos que sobresalieron por algún fruto del Espíritu en especial. Pero siendo Cristo el ejemplo perfecto en todos los aspectos el fruto, nadie podría ilustrar el fruto del dominio propio mejor que Él.
La historia de Cristo se encuentra principalmente en los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), pero también está presente en toda la Biblia, pues Él es el Creador que después vino a la Tierra como ser humano (Juan 1:1-4, 14).
Sus experiencias y acciones en la Tierra son la guía de todo cristiano verdadero.
La vida de Jesucristo como ser humano es el ejemplo insuperable de dominio propio. Para poder pagar la pena por nuestros pecados, era necesario que Jesús viviera una vida libre de pecado. Esto requirió de un constante dominio propio y la ayuda de Dios. Aun al enfrentar la evidente tentación de Satanás, quien lo tentó con los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, Jesucristo nunca perdió el control (Lucas 4:1-13).
Muchas veces también debió dominarse para permitir que la voluntad de Dios se hiciera tal como estaba planificado, absteniéndose, por ejemplo, de llamar legiones de ángeles para que lo salvasen de la tortura y la muerte (Mateo 26:53-54). En otra ocasión, tuvo que esforzarse para no ir en contra de la voluntad de Dios, enfocándose en lo espiritual en lugar de lo físico (Mateo 26:39.
Jesucristo es el único ejemplo perfecto de dominio propio, así como de todo el fruto del Espíritu. Y de no ser por su autocontrol, aún estaríamos bajo pena de muerte por nuestros pecados.
Un ejemplo para evitar
¿De dónde vienen todas las actitudes opuestas al fruto del Espíritu? Así como Jesús es el ejemplo perfecto de dominio propio y el resto del fruto del Espíritu, Satanás es el ejemplo perfecto de descontrol y las demás obras de la carne (Gálatas 5:19-21).
La historia de la transformación del ángel Lucero a Satanás el diablo es una clara advertencia acerca de los peligros de perder el control (consulte Isaías 14:12-15 y Ezequiel 28:11-19). En lugar de dominar su mente, Lucero permitió que sus pensamientos de soberbia y violencia crecieran hasta convertirse en un espíritu de rebeldía.
Anteriormente vimos que la Biblia se refiere a Satanás como un homicida desde el principio (Juan 8:44), es entonces interesante ver lo que Dios le dijo a Caín el primer homicida humano acerca del auto control: “¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (Génesis 4:6-7).
Pero al igual que Caín ―quien mató a su hermano después de oír estas palabras― Satanás no se sobrepuso (o controló) los pensamientos que luego lo llevaron a rebelarse contra Dios.
Ahora, Satanás “engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9) y quiere que todos los seres humanos amen el mundo y su carnalidad, especialmente el descontrol, pues es el dominio propio es lo único que nos aleja de las obras de la carne y nos permite demostrar el fruto del Espíritu.
Auto evaluación de dominio propio
¿He perdido el control de alguna emoción peligrosa o un pecado destructivo? ¿Cómo se manifiesta en mi vida?
¿Por qué me cuesta tanto abstenerme de lo que sé que no es bueno para mí?
¿Me describirían los demás como tranquilo y sosegado, o como errático y descontrolado? ¿Por qué?
 ¿Es mi primera reacción ante algo el fruto del Espíritu o pierdo el control? ¿Por qué?
¿Cómo demostramos más dominio propio?
Ya sabemos por qué es tan importante demostrar dominio propio. Pero ¿qué podemos hacer para cambiar y crecer en este fruto del Espíritu?
Lleve un registro de las experiencias relevantes que le ocurrieron en la semana y cuáles fueron sus reacciones ―si demostró el fruto del Espíritu con dominio propio o perdió el control con alguna obra de la carne. Analice las causas y los pensamientos que lo llevaron a tener esa reacción.
Tenga preparado una frase u oración para ayudarle a mantener el control y demostrar el fruto del espíritu en lugar de reaccionar “naturalmente” cuando una situación difícil se presente. (Si alguien lo molesta en trabajo, por ejemplo, dígase a sí mismo “Dios quiere que me controle” antes de perder el control e insultarlo.)
Pídale a Dios diariamente que le dé más de su Espíritu, incluyendo el dominio propio necesario para demostrar su fruto y resistir a la tentación. Mientras más busquemos a Dios (fuente del Espíritu Santo) a través de la oración, estudio de la Biblia, meditación y ayuno, más dominio propio tendremos para demostrar el fruto del Espíritu. Propóngase aumentar el esfuerzo y el tiempo que dedica a estas herramientas espirituales.
Como dijimos en el primer artículo de esta serie, el fruto del Espíritu Santo es la forma en que el carácter y el evangelio de Dios se manifiestan en los pensamientos y acciones de un cristiano. Nuestra tarea es anunciar el Reino de Dios y su justicia a través de nuestro comportamiento. Que Dios nos ayude a desarrollar y vivir según el fruto de su Espíritu.

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